Comienza el curso 2015-2016

Ramón Muñoz-Chápuli
Director de la Escuela de Doctorado de la UMA

Ha comenzado ya para nuestros doctorandos el curso 2015-16, que supone el tercer año de implantación de los nuevos programas de doctorado regulados por el RD99/2011 (el segundo para el programa de doctorado de Biomedicina). De alguna forma este tercer curso completará el despliegue del nuevo doctorado y nos permitirá valorar en qué medida ha supuesto avances y mejoras en relación al sistema anterior. También nos permitirá detectar las deficiencias que sin duda se están produciendo y tratar de solventarlas.

Es importante que todos los que participamos en el nuevo doctorado tengamos en cuenta que se trata del cambio más importante que se ha producido en el diseño del Tercer Ciclo de los estudios universitarios en las últimas décadas. Un cambio que responde a directivas europeas, particularmente a los principios de Salzburgo de los que en febrero pasado se cumplió el décimo aniversario. Estos principios consistieron en diez recomendaciones para el desarrollo de los programas de doctorado en los estados de la Unión Europea. En particular se recomendó promover la formación y el desarrollo profesional, sin perder de vista el papel central de la investigación original en el doctorado, reforzar la supervisión y evaluación del doctorando, así como sus garantías, establecer unos plazos razonables para el doctorado y fomentar la movilidad internacional.

Los nuevos programas de doctorado proporcionan la oportunidad, si somos capaces de aprovecharla, de aplicar estos principios y de mejorar no sólo la calidad de las tesis doctorales, sino la preparación de los doctores para la “vida después de la tesis”. Es obvio que un cambio de este calado no puede hacerse sino gradualmente, puesto que estamos hablando de cambios estructurales y, sobre todo, cambios en la concepción que hasta ahora hemos tenido del doctorado, bien como doctorandos, directores  de tesis o participantes en programas de doctorado.

Este tercer curso académico de los nuevos programas de doctorado será sólo un paso más, pero debe ir en la dirección que todos queremos, la de otorgar al doctorado el prestigio social y la valoración que merece por parte de todos, y particulamente por los empleadores. La salida tradicional del doctor (la universidad, los organismos públicos de investigación) no puede absorber en el futuro el elevado número de doctores que produce el sistema universitario español (alrededor de 10.000 al año). La alternativa dependerá de que sepamos difundir este mensaje: un doctor o una doctora por una universidad pública española es una persona que no sólo ha realizado una investigación de calidad, y ha hecho avanzar la frontera del conocimiento. Ese doctor o doctora también ha sido una persona que se ha enfrentado a problemas, que ha buscado soluciones, que ha desarrollado iniciativa personal, que ha trabajado en un grupo de investigación, que sabe localizar y seleccionar la información relevante, es capaz de elaborar y presentar resultados, conoce el mundo de la gestión de la investigación… Una persona por tanto que puede aportar sus múltiples capacidades a la empresa o el organismo que le contrate. La responsabilidad de los que estamos implicados en el nuevo doctorado es por tanto doble, cambiar la imagen que se tiene del doctor como especialista en un tema muy concreto, y contribuir a desarrollar durante el doctorado las capacidades que hemos mencionado antes .

Esto, ya se ha dicho, no puede hacerse en un año, ni en tres, pero podrá hacerse realidad si todos los que formamos parte del doctorado en la universidad pública somos conscientes de cuál es la dirección correcta, si nos comprometemos y actuamos en consecuencia.

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