La importancia de escoger un nombre como investigador

Antonio Vallecillo
Director CIPD – UMA

Una de las decisiones cruciales que todos los doctorandos tiene que tomar, nada más comenzar su doctorado, es la de escoger el nombre que van a utilizar para firmar sus artículos y para ser conocidos en la comunidad científica.

En España y en la mayoría de los países iberoamericanos, la identificación formal de cualquier persona está compuesta por un nombre (o más de uno) y dos apellidos: el paterno y el materno, por este orden. Por ejemplo, el nombre que aparece en mi pasaporte es Antonio Jesús Vallecillo Moreno. Sin embargo, esto no es así en todo el mundo. De hecho, en eso estamos en minoría. En la mayoría de los países del mundo sólo se usa un apellido, que es el paterno. En otros, como en Portugal y Brasil, se usan también dos apellidos, pero se invierte el orden con respecto a cómo lo hacemos nosotros (el primero es el de la madre y el segundo el del padre).

Este hecho hace que, cuando alguien ve nuestro nombre y lo interpreta de acuerdo a las reglas de su cultura, se produzcan situaciones no deseadas. Por ejemplo, cuando le doy mi pasaporte al recepcionista de un hotel en Inglaterra suele poner la habitación a nombre de Mr. Moreno. Otros recepcionistas, conocedores de nuestras costumbres, y ante la necesidad de usar solo un nombre porque es lo que permite su aplicación informática, deciden inscribirme como Mr. Vallecillo-Moreno. Son los menos los que, como deberían, me preguntan sobre cómo prefiero que me inscriba.

Esto no tendría más importancia si se redujese al ámbito de los hoteles. Pero para los investigadores el uso de un nombre único es fundamental, y hay que decidirlo desde el principio.  Yo no fui consciente de este hecho y firmaba mis publicaciones con mi nombre completo, hasta el día que descubrí (con horror) que en las bases de datos de investigación mis artículos estaban escritos por varios autores diferentes: “Antonio J. V. Moreno”, “Antonio J. Vallecillo-Moreno” y “Antonio J. Vallecillo”. Al igual que los recepcionistas de los hoteles, los encargados de incluir los artículos en las bases de datos científicas habían tenido que decidir qué poner, y cada uno había tomado una decisión distinta. El problema es que el tener disgregada la producción científica tiene un serio impacto en cómo se mide la productividad de los investigadores ahora mismo, y afecta a indicadores tan importantes como el índice H.

Por eso, desde hace mucho tiempo la primera tarea que le pido a mis doctorandos es que escojan cuál va a ser su “nombre de guerra” J. Dicho nombre debe cumplir tres condiciones: (a) tiene que tener sólo dos palabras: un nombre y un apellido; (b) tiene que ser único, es decir, no puede pertenecer a ningún otro investigador; y (c) una vez escogido, no puede cambiarse.  En particular, mi nombre científico es “Antonio Vallecillo”.

En cuanto a la primera condición, si alguien quiere usar su segundo nombre, o su segundo apellido, siempre puede usar guiones. Por ejemplo, Yo podría haberme llamado “Antonio-Jesus Vallecillo”, “Antonio Vallecillo-Moreno” o “Antonio-Jesús Vallecillo-Moreno”. Lo importante es que sólo contenga dos palabras. Hay que tener también cuidado con las tildes, porque muchos sistemas no las admiten, y luego piensan que “Antonio-Jesus” y “Antonio-Jesús” son dos personas diferentes. Las eñes y otros caracteres especiales pueden también ser fuente de problemas. (A la hora de escoger un nombre, deben consultarse las recomendaciones de la FECYT sobre este tema:  https://www.accesowok.fecyt.es/wp-content/uploads/2009/06/normalizacion_nombre_autor.pdf.)

En cuanto a la segunda condición, aparte de mirar en Scholar Google si hay ya alguien que usa el nombre que nosotros pretendemos usar,  hay varias bases de datos de investigadores que todo científico debe conocer. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, ORCID, IraLIS (International Registry for Authors Links to Identify Scientists), ResearcherID (de Thomson-Reuters, y por tanto asociada a la Web of Knowledge,) o Scopus Author Identifier (de Elsevier, asociada a Scopus). También hay algunas bases de datos desarrolladas por empresas, como por ejemplo http://academic.research.microsoft.com, o http://scholar.google.es/. Antes de escoger un nombre concreto, es importante consultar en ellas si ya existe.

Otras disciplinas tienen también sus propias bases de datos, mucho más específicas, como ocurre por ejemplo en informática con DBLP. Estas bases de datos se están convirtiendo en las fuentes principales de información que consultan los evaluadores a la hora de conocer el registro de las personas, las conferencias, las revistas o las instituciones. Por eso es tan importante que toda la información que aparezca en ellas sobre nosotros sea lo más completa y actualizada posible. Constituyen nuestro currículo on-line!

Además de estas bases de datos de autores,  cada vez están más extendidas las redes sociales científicas, como son por ejemplo www.researchgate.net, www.mendeley.com, www.academia.edu, o www.academici.com (una lista completa puede consultarse en http://eprints.rclis.org/3867/1/Ciencia20_rebiun.pdf).

La tercera condición es que no cambiemos nunca el nombre que escojamos. Ahora bien, ¿qué sucede si ya existen artículos nuestros en esas bases de datos con distintos nombres? Para solucionar ese problema aparecieron las iniciativas mencionadas anteriormente como ORCID, Iralis o Scopus Author Id, que proporcionan un identificador digital único y persistente a cada investigador, y que permiten unificar diferentes nombres bajo el mismo identificador. La mayoría de estos sistemas están conectados entre sí, aunque quizá sea ORCID el sistema global de identificación de investigadores más ampliamente utilizado. Todos los doctorandos de la UMA deberían estar registrados allí, e incluir su identificador ORCID en su página web, al enviar sus publicaciones, o al identificarse como investigador.

Así que, en resumen, si ya usas normalmente un nombre concreto, deberías registrarlo cuanto antes para tener un identificador único dentro de la comunidad científica. Y si no has escogido todavía tu nombre… ¿cómo piensas llamarte?

Antonio Vallecillo
ORCID: 0000-0002-8139-9986,  Scopus ID: 6601908160,  IralisID: ESINF4953

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Un pensamiento en “La importancia de escoger un nombre como investigador

  1. F.S.

    Muy interesante el artículo. ¿Qué opina del problema de las iniciales? Llamándome, por ejemplo, Fernando Sánchez, empiezo el doctorado y veo que ya alguien publica como F. Sánchez (en un ámbito muy distinto al mío). Descubro que esta persona en realidad se llama Francisco Sánchez pero que siempre publica con la F en vez de con el nombre de pila entero. Yo decido publicar como Fernando Sánchez pero algunas revistas y/o bases de datos a menudo me hacen figurar como F. Sánchez (a pesar de mi insistencia en que no lo hagan), con lo cual la ambigüedad está servida. Hay quien me aconseja usar el guion para añadir el segundo apellido, pero entonces estaría cambiando mi nombre a mitad de carrera y tampoco me interesa.

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